Periódico El Higuamo

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Testimonio: “La 5ta. Vez que Dios salvó mi vida”

Por Víctor Ml. Pérez Quiñones
De 19 a 20 años tenía yo, cuando el Señor Jehová mi Dios y Jesús Mi Salvador, salvaron mi vida por quinta vez.

Yo practicaba la natación y el submarinismo, tenía mi equipo de buceo (sin tanque de oxígeno), buceaba con mi snoker, careta, patas de ranas, un puñal acuático y mi arpón.

Ya había realizado y graduado de varios cursos de seguridad acuática superior en la Cruz Roja Dominicana; pero desde jovencito había aprendido a nadar muy bien en el río Higuamo y en Playa de Muertos.

Pertenecía al cuerpo de bomberos de aquí y formaba junto a otros amigos, como Luis Emilio Berroa y Félix Vittini (EPD) éste último, así como con Marcelo Álvarez, el Equipo de Rescate Hombres Rana del CBC de SPM, donde además tocaba corneta en la Banda Lisa.

Fui además dirigente Scouts del Grupo No.1 y fundador del grupo 30. Cuando yo quería comer pescado, simplemente me lanzaba al mar Caribe, solo o con algún compañero a buscarlo.

Yo no salía de Playa de Muertos y sus alrededores, pescando a profundidad peces, langostas, lambís y otras especies marinas. También participé en el rescate de algunas personas evitando que murieran ahogadas, y, saqué del fondo del mar algunos cadáveres de personas que se habían ahogado.

Pues bien, una tardecita me puse de acuerdo con unos de mis amigos llamado Ángel Tejeda (El Chino), quien fue asesinado en los 12 años de Balaguer, hijo de doña Gladys e hijastro de don Manolo Palacio, para que temprano al otro día fuéramos a pescar y bucear en las profundas aguas del Mar Caribe, frente a la playa de San Antón aquí en SPM.

Eran como las 7:30 A.M, cuando nos adentramos al Mar Caribe, había estado lloviendo, estando a más de 150 metros de las costas, yo me quedé cerca buscando langostas en cuevas submarinas; mi compañero "El Chino" no volví a verlo, él estaba mucho más lejos que yo de las costas, como a 250 metros mar afuera.

Yo había matado algunos peces de a libra, dos y tres libras, los tenía enganchados en unos pedazos de alambre dulce sujeto a mi cintura. De repente, una Morena salió desde una cueva y quiso atacarme, pero yo me alejé del lugar.

Ya tenía algunas langostas, ésta estaban dentro de la cueva donde yo las arponeé, fue en ese momento en que sentí que me faltaba aire (yo buceaba a pulmón, porque no tenía tanque de oxígeno, eran muy caro) y ya había comenzado a tomar mucha agua, me estaba ahogando.

Por lo general las langostas son localizables dentro de cuevas, de donde sacan fuera de la misma sus largas antenas.

Yo había disparado mi arpón hacia la cueva, pero ya me faltaba el aire por lo que decidí subir a la superficie en busca de oxígeno, pero noté que por más esfuerzo que hacía para subir, algo me estaba sujetando, y ya estaba perdiendo fuerzas, aire. Estaba a unos 2 ó 3 pies de profundidad.

Rápidamente me dí cuenta de que el alambre atado a mi cintura con los peces que había matado, se habían enredado con una "mata" de coral, (piedra) de las que en el fondo del mar las hay en grandes cantidades.

Halé con fuerza el alambre, no cedía, y casi con las últimas fuerzas y aire que me quedaban (no sabía que era mi Dios, que me estaba ayudando), logré zafar el alambre, pero ya había tomado mucha agua, ya no tenía fuerza, estaba mareado, pero de esa manera Dios me ayudó a llegar a la superficie del agua, donde comencé a vomitar.

Ya en la superficie, me hice la boya (boca arriba), entonces comencé a nadar hacia la orilla o costas, de golpe de "tijereta regular y tijereta invertida, con mis brazos, pero de lado.

Y finalmente me puse boca arriba otra vez y comencé a nadar "a golpe de zapo" (esto es abriendo y cerrando las dos piernas). Así llegué a las costas de la playa de San Antón.

Una vez allí tirado y solo, comencé a echarme agua lluvia acumulada en algunos hoyos en las piedras de las costas, y, fue entonces cuando me sentí mejor.

Luego a la media hora apareció mi amigo, "El Chino", que había matado un pargo y una cherna muy grande y le conté lo sucedido.

Entonces mi amigo y yo fuimos al lugar donde yo había dejado mi arpón con las langostas que había matado, las cuales vendimos, y algunos peces en el restaurante El Apolo, en la avenida Independencia, frente al parque Duarte.

Yo me había olvidado que la Seguridad Acuática Superior, recomienda que nunca uno debe nadar o bucear solo, por los accidentes que se presentan. De esta manera, ahora sé que también esta 5ta. Vez, Dios salvó mi vida. Gracias mi Señor (espere la 6ª. Vez que Dios salvó mi vida).