Por Víctor Ml. Pérez Quiñones
La ilusión de los eruditos por conocer los lugares "Santos" es muy antigua, anterior a la Edad Media. Por esto, el conocimiento científico de la arqueología bíblica, sólo fue posible con el desarrollo de la ciencia arqueológica.
Las primeras expediciones empezaron en la primera mitad del siglo 19; así, por ejemplo, hacia el 1840 Henry layard, descubrió las ruinas de la ciudad pagana de Nínive, lugar a donde Dios envió a Jonás a predicar su palabra y advertir sobre su destrucción, por su corrupción y altos niveles de criminalidad y abominación.
Tres años más tarde, en 1843, Rwlintún copiaba la inscripción trilingüe de Bshintún, clave para descifrar la escritura cuneiforme. En el mismo año, Paul Emile Botta, llegó a descubrir el palacio de Korsabad.
Después de la primera Guerra Mundial, Leonard Wooley escavó en el actual Irak, el yacimiento de Ur de los Caldeos, la patria del padre Abraham. En los años 30, Parrot descubrió el impresionante conjunto de Mari.
Mientras en Palestina (tierra de Canaán) fueron importantes los trabajos en Tell Abú Hawan, muy cerca del famoso Monte Carmelo (1932.1939) y Beisan (1927-1934), entre otros.
De su lado Jerusalén ha sido investigada por Sir Carles Warren (1864-1867). Mientras E.J. Blise y A.C. Dickie (1894-1897), Parker (1909-1911, R.Weill (1913-1914) y C.N. Johnes (1934-1948).
La investigación continuó después de la Segunda Guerra Mundial; Miss K. Kenyon, escavó en Jerico (escenario del ciego Bartimeo, hijo de Timeo y de Zaqueo, el Publicano (cobrador de impuestos) entre 1952 y 1958; en los años setenta se escavaron Ebla (Tell Mardick) y Qumrán.
(Yacimientos arqueológicos del Oriente Próximo)
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